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Las redes sociales y sus riesgos

Las redes sociales y sus riesgos

Un tema de conversación recurrente entre los padres y madres tiene relación con los riesgos asociados al uso de internet y redes sociales.  No es extraño escuchar la ambivalencia que genera a las madres y padres de niñ@s y adolescentes, el uso de aparatos electrónicos como los celulares, que incluso se convierten en un bien casi necesario para much@s de sus hij@s en términos de su inserción en grupos sociales y ciertas conversaciones, pero que también, se convierten en un foco de riesgos y acceso a información que no siempre es la más adecuada y acorde para su edad.

Pareciera que mucho de la vida cotidiana ocurre en las redes sociales y se ha convertido en una de las formas de comunicación más masivas y utilizadas.  En el contexto de psicoterapia se ha hecho habitual escuchar que las familias incluso se comunican en mayor medida a través de estos medios que de forma personal.

Más allá de problematizar el predominio de este tipo de comunicación, que de alguna manera hace ya varios años se ha convertido en parte de la cotidianidad, no debe dejarnos de sorprender y se hace necesario problematizar los riesgos a los que se exponen niñ@s y adolescentes cuando se comunican por estos medios con personas desconocidas.

Hace un par de semanas se volvió a escuchar con fuerza el “reto de Momo”, personaje que invita a niñ@s o adolescentes a realizar acciones auto-agresivas o contra la propia familia a costa de no sufrir consecuencias como ser atrapados por este personaje o la ocurrencia de algún evento grave a sus padres o familiares cercanos.

Si pensamos en el desarrollo evolutivo de niños pequeños (pre-escolares por ejemplo) que presentan un tipo de pensamiento concreto, con gran desarrollo de la imaginación y la creatividad que muchas veces impide la separación entre la fantasía y la realidad ¿Cómo podría enfrentarse a un rito o desafío como el que plantea Momo? Las posibilidades de creer fehacientemente en este, es si no alta, casi total. O en el caso de adolescentes que atraviesan un período propio de su edad, en el que la omnipotencia y correr riesgos se hace algo muy atractivo buscando poner a prueba sus habilidades.

La alerta y la preocupación de los adultos o personas significativas al cuidado de niñ@s y adolescente no solo debe considerar regular el uso indiscriminado de internet que, por supuesto es una buena medida, sino también, conversar respecto de la importancia de las interacciones. Conversar respecto de cómo podemos relacionarnos con otros, cuáles son los límites que nos permiten cuidarnos, hasta cuándo, hasta dónde. Conversar respecto de las emociones, de la importancia de lo que siento y no solo de lo que pienso. Si algo me hace sentir incómodo o desagradable independiente de lo que me hayan dicho o de lo que piense, es una buena muestra de cómo poner límites.

Por ejemplo, es común que enseñemos a nuestros niñ@s desde pequeños a saludar y a interactuar con otros, que muchas veces son completamente desconocidos. Lo que sienta el niñ@ en ese momento por ejemplo, puede ser un muy buen indicador a reforzar, pues no siempre queremos que nos saluden o se acerquen de la misma forma.

El hablar de los límites personales, lo que me gusta, lo que no me gusta, lo que me cuida, lo que me protege, no solo ayudará a que los niñ@s puedan conocerse de manera más profunda, sino también permitirá el desarrollo de la empatía, el conectarse con lo que los otros puedan sentir y conocer los límites.

En este contexto puede ayudar también el valorar la verdad, estando dispuestos a compartir experiencias y aceptar las diferencias, aunque muchas veces sea algo difícil de abordar. La posibilidad de que los niñ@s y adolescentes puedan sentir que pase lo que pase se puede hablar, compartir y que ello no amenaza el vínculo también los protege y les genera confianza.

Quizás un punto más que podría ayudar en este contexto tiene relación con los secretos. Es común escuchar que jugamos incluso a tener secretos. La dificultad de los secretos es que muchas veces se convierten en un punto de entrampe. Cuando guardo el secreto que esa persona me confidenció me siento con una tremenda responsabilidad, incluso al punto de agradecer su confianza, me hace sentir especial, pero ¿cómo discriminar si un secreto es bueno o no? Muchas de las lógicas detrás de estos retos o desafíos en internet, se basan en el secreto mal entendido. “No puedes decirle a nadie” lo que aumenta las posibilidades de que los niñ@s carguen con esta responsabilidad que no sabrán sobrellevar. Por eso cuando los niñ@s son muy pequeños como lo hemos dicho antes, es mejor no guardar secretos sino sabrá discriminar cuando un secreto será beneficioso o no.

Aprender respecto de los límites, las emociones, lo que me gusta, lo que me hace sentir mejor, no solo puede ser visto como un camino hacia el autoconocimiento, sino también una forma de autocuidado.

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