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El apego y su influencia en el desarrollo

El apego y su influencia en el desarrollo

Es muy probable que en variadas oportunidades hayamos escuchado de la importancia del apego, en especial en los primeros meses de vida. Si bien esto es cierto, el apego es de gran relevancia no sólo en el primer momento de la vida, sino durante todo el transcurso de esta.

John Bowlby fue uno de los autores que dedicó bastante a investigar y escribir sobre este concepto, definiéndolo como una relación especial entre el bebé y quien lo cuida, lo que es de manera inherente un constructo emocional. Implica la existencia de un lazo afectivo y se caracteriza por una regulación de la emoción del bebé (Bowlby, 1986). La cercanía, afecto y contención que se entrega al bebé, permite que pueda sentirse protegido, querido y con ello iniciar un proceso de reconocimiento y regulación de sus propias emociones.

Como lo plantea Bowlby, la mirada del apego radica en su carácter eminentemente relacional o vincular. Es en esta interacción tan cercana y potente entre el bebé y el cuidador/a principal, que se desarrollan no sólo funciones psíquicas, como la capacidad de “mentalizar” por ejemplo, si no también, las posibilidades y características de las relaciones que estableceremos durante la vida.

El apego es mucho más que la satisfacción de las necesidades básicas del niño/a, pues es en esta vinculación que se establece entre lo que el niño/a requiere y lo que él o la cuidadora entrega, una sincronía particularmente especial y relevante. Cuando el niño/a, de acuerdo a las posibilidades evolutivas con las que cuenta en función de su edad, comunica una determinada necesidad, el o la cuidadora principal pueden responder a esta de diversas maneras. La sincronía o coincidencia que se establezca entre la necesidad y la respuesta, serán fundamentales para el desarrollo de una experiencia de satisfacción o insatisfacción, que sumado al sin número de experiencias de sincronías y a-sincronías que se establecen durante las interacciones, gestarán las posibilidades de que ese niño/a pueda sentirse seguro/a y confiado/a respecto de quién lo cuida y contiene.

Si pensamos, por ejemplo, en niños/as muy pequeños, podemos adelantar que la mayor parte de sus necesidades serán transmitidas a través del llanto, que es la vía disponible para comunicar una determinada necesidad y/o incomodidad. La capacidad que nosotros como cuidadores significativos tengamos de traducir ese llanto y responder a ello de manera coherente y acorde con lo que el niño/a necesita, permitirán el desarrollo de este vínculo y de una experiencia de sincronía que será muy importante para el desarrollo del niño/a y del vínculo mismo.

Cuando las experiencias de seguridad y satisfacción son más numerosas y potentes que las de insatisfacción, existe mayor probabilidad de establecer un apego “del tipo seguro”, que permitirá no solo confiar en él o la cuidadora, si no atrevernos a confiar en el mundo que nos rodea y con ello también ir construyendo una percepción del valor que tenemos para otros y para nosotros mismos. Si de alguna manera he tenido la posibilidad de ser acogido/a y contenido/a, quiere decir que soy importante y valioso/a para otro. Si puedo ser importante y valioso/a para otro, entonces también tengo la posibilidad de serlo para mí mismo/a.

Es interesante constatar como las relaciones y los vínculos que establecemos desde la primera infancia, pueden ser tan relevantes no solo para la construcción de relaciones sociales, si no también, para la construcción y consolidación de la relación con nosotros mismos.

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